Reflexiones finales acerca de una etapa entera

Desde mediados de septiembre a finales de noviembre de 2013 se llevó a cabo el proyecto “Soy Mi Propio Dibujo” como parte del proyecto Laboratorios Comunes de Creación, gestionado por Casa Tres Patios en la ciudad de Medellín.

En arte digital, se entiende lo interactivo como aquella corriente que busca en el diálogo con el usuario, con el experimentador de la obra, el motor para que ésta pueda existir. Es entonces, en la calidad de la relación establecida entre obra y participante/usuario donde el valor de la experiencia artística reside.

En demasiadas ocasiones esta experiencia supuestamente interactiva no llega a atravesar las fronteras que el mismo arte interactivo dice difuminar para llevar al usuario de esta obra a un real diálogo y por lo tanto, a un enriquecimiento. En ocasiones queda reducida a una experiencia lúdica mediada por la tecnología digital sin verdadera influencia en un espectador que ni lo desea ni dispone del tiempo ni de las condiciones para ello.

Desde ese punto, desde la intención de desarrollar un proyecto de arte interactivo que verdaderamente mantuviese una relación intensa con los participantes en él, nació el interés por llevar a cabo Soy Mi Propio Dibujo (en adelante SMPD), y por desarrollarlo en las condiciones propuestas por Casa 3 Patios.

Para dar unas informaciones previas, digo que SMPD pretendía que los asistentes a los distintos talleres se proyectaran a ellos mismos a través de una serie de fases metodológicas que implicaban diversidad de lenguajes y expresiones artísticas: desde el dibujo a la actuación o performance, pasando por la fase de conocimiento de las herramientas digitales involucradas.

A través de estos procesos, se motivó a los asistentes a generar un personaje mediante técnicas de dibujo,  que serviría como avatar para una actuación posterior. En ésta, los personajes se moverían dentro de una pantalla de proyección de forma análoga a unos actores situados ante una cámara especial.

Se daba la oportunidad de presentarse a uno mismo con total libertad y utilizar este yo proyectado para plantear aquellas situaciones que en verdad uno quisiera; para reflejar las percepciones de los asistentes acerca de su propio mundo.

De la intensidad que se consiguiese proyectar en cada una de estas fases residiría lo certero del proyecto.

De forma que lo primero que se necesitó fue entrar en contacto con los participantes, por lo tanto, con la ciudad de Medellín; y desde el principio se pudo apreciar que tenían su propio ritmo.

Quedó claro que su implicación iba a ser relativa y que la capacidad de desarrollar el proyecto de forma adecuada iba a residir en hacer entrar éste dentro de sus esquemas, dentro de sus mitologías particulares; dentro de ese espacio que al fin y al cabo, era un tiempo semanal por grupo ciertamente reducido.

Aparte de entender el nivel de implicación de éstos, y atenerse a razones como que no era demasiado realista esperar una presencia continua a través de todas las fases de SMPD, también fue necesario entender que éste era un proyecto a pie de calle o casi, y lo controlado (y por lo tanto, también lo elitista) de una instalación multimedia convencional iba a quedar descartado.

Hay que explicar que fue muy difícil obtener de los niños y jóvenes un interés cuando el objeto de trabajo eran ellos mismos y sus circunstancias en condiciones realistas. Por falta de una metodología pedagógica clara no logramos captar su interés y obtener resultados en este sentido.

La manera que pronto descubrimos de atraer su atención fue enfocando el autorretrato hacia el campo de lo imaginario, mágico y fantástico. Se definió entonces como un escape temporal de su propio mundo, en el que había que ser capaz de leer entre líneas los resultados obtenidos para obtener información acerca de sus circunstancias reales: el nivel de violencia presente en sus historias imaginarias, el moralismo, la visión reflejada del bien y el mal, de los arquetipos,…

Pensé muchas veces en los hermanos Grimm, al vernos correr de un lado a otro con la pluma en la mano cazando historias fantásticas de potencia latente indudable.

Importante y necesario fue crear las condiciones propicias para que los niños fueran felices; para que se sintieran divertidos e interesados, y por lo tanto nos permitieran recoger algo de esa excepcional generosidad que emiten.

No fue fácil, en ocasiones fue agotador, pero de esa intensidad surgió un resultado tremendamente enriquecedor, espero que para ambas partes.

Cabe explicar, entonces, cuales creo que fueron estas modificaciones o estos enriquecimientos que me ha parecido percibir, o cuando menos, pretender:

Se pretendió alejarles de una mitología demasiado marcada por las imágenes de consumo cultural masivo.

Se pretendió también que se dejaran llevar por propuestas creadas desde su espacio particular en lugar de aferrarse a imágenes reconocibles y aceptadas de antemano. Aún así se vieron demasiados personajes de Halloween y televisivos, hay que decirlo.

Pero también se vieron árboles protectores que hacen el bien cuando nadie les ve, y se vieron duendecitas viajando sobre el cabello de un gigante y buscando comida en un basurero, y magos que invierten el tiempo para crear la reflexión en los demás sobre sus comportamientos; y personajes acosados por un hambre tan absoluta que devoran una selva entera, todo el cosmos y hasta a ellos mismos; y también… en fin, no acabaría de contar todo aquello maravilloso más allá de los zombis y las calabazas, pero es que incluso la manera en que éstas últimas han sido dibujadas demuestran en ocasiones una confianza en los productos de la mente y de la mano de uno mismo que no puedo dejar de sentirme orgulloso de haberlo propiciado; porque de lo que aquí se trató fundamentalmente fue de confiar en uno mismo, pasarlo bien no cuestionando los productos de nuestra creatividad, sino dándoles alas.

Pero aprendiendo también a cuestionar nuestro papel de simple consumidores; de productos culturales, de imaginería, de ideas preconcebidas y también de tecnología. Porque en este caso se pretendía dar a entender que la tecnología no viene impuesta y no sólo podemos sentarnos a utilizarla sin actuar en ella.

Desarrollar una parte importante del taller centrándose en tecnologías de open software tenía la intención de acercar a los asistentes al conocimiento de los procesos informáticos implicados, aunque por falta de medios y de tiempo, tuve que limitarme a explicarles de manera práctica el funcionamiento del proceso informático que hacía que sus personajes dibujados se movieran en pantalla gracias a un análisis de su figura por el programa de análisis de imagen y por medio de la cámara utilizada.

En este caso se pretendió que esta tecnología entrase a formar parte de un sistema orgánico de creación de ideas, imágenes y de adaptación y utilización de dos últimas. Que viesen cómo utilizamos esta tecnología, cómo la adaptamos y la hacemos nuestra. Que la sintiesen cercana y moldeable.

La fascinación inicial al ver un dibujo en pantalla reaccionar a sus movimientos ante la cámara nos permitió vivir momentos maravillosos al contemplar sus caras de entusiasmo. Se me hace evidente aún así que habría hecho falta un mayor tiempo de desarrollo de la fase de actuación, y haber sido capaces de imponernos a esa fascinación que aparece cuando ves una imagen en la pantalla reproducir tus movimientos. Hizo falta tiempo para asimilarla y nutrirnos de ella para generar nuestra narrativa, superando la fase de perplejidad y experimentación.

No creo que ellos y ellas sean conscientes de lo que aquí se ha tejido, tampoco creo que yo sea plenamente consciente hasta dentro de un tiempo. De lo que si estoy seguro es de haberme acercado a  mi propósito de un arte plenamente interactivo y, ante todo, de haberme enriquecido profesional y personalmente.

Me gustaría agradecer a todo el personal humano de Casa Tres Patios por su apoyo incondicional, y en especial a:

Erika Börjesson, coordinadora del proyecto, por su presencia incansable y desvelos contínuos,

a Tony Evanko y Sonia Sequeda, codirectores de Casa Tres Patios, por su comprensión, buen humor y generosidad

a José Luís Marín, por su incansable labor y su amistad,

a Carol Börjesson y Ferchu Delgado, por su capacidad comunicativa,

a Guim Camps, por su apoyo y su energía,

a Cristina Vasco, por su claridad mental,

y a todos aquellos a los que no menciono pero han estado presentes durante esta etapa.

 

Enric Socias

Medellín, 29 de noviembre de 2013